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Desmitificar la enfermedad mental más allá del idioma
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Por Fia Curley

Una señora va a una cita médica junto con un intérprete. El doctor preguntó si ella sufría de ilusiones auditivas, es decir, si ella escuchaba voces. Entonces, el intérprete le preguntó a la señora: "¿Usted oye voces?". Ella respondió: "Sí, la suya y la del doctor". Ante esta respuesta, el intérprete tradujo: "Sí, ella oye voces".

El Dr. Arthur Kleinman, profesor de Antropología Médica y Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, cuenta esta historia cuando quiere mostrar la dificultad de proveer atención psiquiátrica o psicológica a algunas comunidades de inmigrantes, donde además de las barreras del lenguaje, uno encuentra el estigma que trasciende al individuo e incluye a la familia.

En el programa radial The Infinite Mind Salida del sitio, el Dr. Kleinman explica cómo la psiquiatría en sí misma es vista con mucho prejuicio. Algunos profesionales le dan a sus clínicas nombres eufemísticos como "servicios psicosomáticos", "medicina psicológica" o "servicios familiares" para no tener que hacerse llamar psiquiatras.

La ciencia ahora sabe que en psiquiatría, como en otras ramas de la Medicina, la cultura juega un papel inmenso en la forma de expresar la enfermedad.

En esta sociedad multicultural que es Estados Unidos hoy, la competencia cultural en el tratamiento de las enfermedades mentales es crucial, porque enfrentarlas puede ser doblemente difícil para los inmigrantes.

Refugio para el cuerpo, refugio para el alma

Entre los inmigrantes africanos, se estigmatiza mucho la enfermedad mental. Los doctores y los trabajadores sociales nadan contra la corriente para brindar atención psicológica a personas que están convencidas de que esos "malos ratos" van a pasar; que no se dan cuenta de que padecen de una enfermedad; que pueden haber sido torturados o haber presenciado atrocidades de guerra; o que consideran vergonzozos los padecimientos mentales.

"Creo que el mayor reto de todos es el estigma", dijo Salaad Nur, coordinador de los servicios para refugiados e inmigrantes del Programa de Acceso a la Salud Mental para Refugiados e Inmigrantes (MHARI, por sus siglas en inglés) Salida del sitio en Nashville, Tennessee.

"Mientras más te involucras con la persona, más probabilidad hay de que participe", dijo. "Hay que ganarse su confianza".

El Programa MHARI es uno de los tantos que ofrece el Centro Comunitario Somalí. En 2004, el centro recibió financiamiento de la Oficina de Salud de las Minorías y lo usó invirtiendo en programas bilingües para enseñarles a los refugiados sobre los síntomas, enfermedades, tratamientos y proceso de recuperación de las enfermedades mentales.

La información distribuida por el centro y sus organizaciones asociadas cubre temas que van desde la ansiedad, la depresión y la violencia doméstica hasta el estrés postraumático.

Reconocer que uno tiene un problema de salud mental puede ser el mayor obstáculo. Entonces es cuando el individuo tiene que enfrentar el estigma en la comunidad, explicó Nur.

Para ayudar a la comunidad somalí, lo primero que se necesita es que las personas vengan al centro y se sientan cómodas en él, dijo Nur. Por eso el centro programa sesiones de información durante todo el año que abarcan una diversa variedad de temas, incluyendo empleo, crianza y educación.

Estas clases crean un ambiente de confianza para que la comunidad "comprenda que pedir ayuda no es nada malo". Así, según Nur, si alguien tiene que volver al centro por temas de salud mental, la experiencia es menos estresante.

Cuando la persona se siente cómoda y te conoce, la idea de ser atendida como paciente es más aceptable, explicó Nur. "Si no hay confianza, un hombre viene una vez o dos y no regresa. Aunque uno tiene que estar muy involucrado y dedicarle muchísimo tiempo, a veces da resultado".

Según Nur, las enfermedades mentales no siempre son identificadas porque no se notan. Si los síntomas son obvios, el tema se trata sólo en la familia o con un líder religioso.

"Los hombres ven los problemas mentales como señal de debilidad", dijo Nur. "A las mujeres se las percibe como 'emotivas', de modo que supuestamente, es normal para las mujeres tener problemas de salud mental".

Aunque los pacientes vienen al centro por muchas razones, poco después pueden ser remitidos a Nur y su personal.

Los inmigrantes y especialmente los refugiados, son tímidos para pedir ayuda porque no quieren ser una carga para la sociedad. Por eso, Nur ha descubierto que apelar al compromiso que tienen con sus familias y sus amigos es el mejor camino para convencerlos de que tienen que buscar ayuda.

Nur les pregunta cómo su vida ha cambiado y cómo está siendo afectada por la enfermedad mental. Por lo general, la relación con la familia y los amigos resulta dañada.

"Es muy difícil descubrir cómo les afecta, pero uno puede decirles que si buscan ayuda pueden resolver este problema".

La persona puede ser remitida a Centerstone, una de las organizaciones asociadas a MHARI que tiene una clínica, a servicios gratuitos para quienes no tienen seguro médico y también a programas educativos para pacientes.

Deshaciendo mitos, repartiendo esperanza

Centerstone ha desarrollado programas para ayudar a "la comunidad a comprender la salud mental y a verla como un aspecto del bienestar general y no sólo como un trastorno mental", dijo Meryl Taylor, terapeuta de adultos y coordinadora de los servicios para refugiados e inmigrantes en Centerstone, también ubicado en Nashville.

"Lo que estamos tratando de hacer es ampliar su forma de ver las cosas", dijo Taylor, ya que muchos terapeutas han visto casos crónicos de trastornos mentales en pacientes que nunca se mejoraron.

"Eso es una gran parte de lo que hacemos: deshacer mitos negativos sobre los servicios de salud mental", dijo. Algunas percepciones negativas resultan de la incomprensión del proceso y los pacientes pueden pensar que serán recluidos en contra de su voluntad o forzados a tomar medicinas.

Para contrarrestar estas ideas, Taylor dijo que un miembro del personal va a un centro comunitario y visita a los posibles futuros pacientes en un ambiente que les resulte familiar.

"Cuando lo has perdido todo y estás en un ambiente totalmente nuevo, ese poquito de familiaridad puede hacer maravillas", dijo Taylor.

"Las mujeres son más abiertas a recibir ayuda, en parte porque universalmente a las mujeres se les permite ser más emotivas y pedir ayuda de forma diferente que a los hombres", dijo. "Los hombres se vuelven violentos o se refugian en el alcohol y las drogas. En las comunidades musulmanas donde no beben alcohol, se alienan. Es más difícil hacerlos regresar a recibir terapia".

Para los refugiados y los inmigrantes que han escapado de países en guerra, los síntomas pueden ser más evidentes pero igualmente difíciles de discutir.

"Tenemos personas que han visto morir a sus padres, hijos, hermanos. Ellos nunca han procesado todo lo que les ha ocurrido", dijo Taylor. "Muchas veces la primera vez que cuentan su historia es a un profesional de salud mental".

A estas experiencias devastadoras hay que sumarles las dificultades que confrontan los inmigrantes cuando intentan adaptarse a un nuevo país. "Ellos no tienen la capacidad para lidiar con problemas de traumas profundos", dijo Taylor.

Revivir recuerdos dolorosos

Según el Dr. Adeyinka M.A. Akinsulure-Smith, psicólogo del Programa de la New York University en el campus de Bellevue para los Sobrevivientes de Torturas Salida del sitio, las cartas de familiares y las noticias en la televisión pueden desatar sentimientos pasados. Incluso los acontecimientos del 11 de setiembre hicieron que antiguos pacientes volvieran a Bellevue.

Las experiencias vividas en el pasado también acarrean "dolor de cabeza y pesadillas porque aunque son cosas viejas es un capítulo nuevo".

No obstante, manejar estos problemas con los programas grupales puede hacer que la situación mejore.

Pero antes de que una persona se sobreponga a los síntomas, el personal de Centerstone se asegura de que los pacientes sepan que ellos están experiementando "una reacción muy normal a una situación anormal". Taylor explica que "normalizar la experiencia" ayuda a que las personas sepan que no están locas y que pueden mejorarse.

"Cuando uno está atravesando estas situaciones, no se tiene esa perspectiva", dijo, y agregó que los programas ofrecidos por Centerstone se basan en la fortaleza individual y conciben a la persona como un todo y no sólo de acuerdo a su salud mental.

"No miramos sólo la patología. El haber sobrevivido y la forma en que sobrevivieron agudizó su creencia en Dios. Para ellos la religión es una parte muy importante y nosotros usamos eso".

Recientemente, una paciente quería encontrar una iglesia y Centerstone la ayudó.

"Todas estas pequeñas cosas contribuyen en conjunto a cambiar la vida de una persona", dijo Taylor. "Ayudamos a las personas a elegir las opciones correctas. Las ayudamos a procesar sus emociones".

"Cuando vienen aquí, son respetados, son comprendidos", dijo Taylor. "Quienes entren a este lugar serán tratados con dignidad y eso marca la diferencia".

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Fia Curley es redactora del OMHRC. ¿Comentarios? Email: fcurley@minorityhealth.hhs.gov

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Última modificación: 03/10/2007 09:51:00 AM

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